Playtime | Jaques Tati

Seguimos con la filmografia de Jaques Tati en Playtime (1967).
Supondremos que es la continuación de Mon Oncle, cuando Mr.Arpel le consigue trabajo a Mr.Hulot en París. En esta película la historia que ocurre quizás no es tan entrañable como en Mon Oncle, pero la crítica a la arquitectura moderna sigue presente.
Nuestra impresión es que la relación entre el hombre y la ciudad va mejorando a medida que avanza la película. Al principio es el hombre que se tiene que adaptar a una ciudad gris, organizada, el interior de los edificios también es frío y calculado. Sin lugar a diferenciarse del resto. Poco a poco, van apareciendo escenas donde el hombre, con su carácter más atrevido, diferente entre unos y otros y su manera de relacionarse va ganando terreno a la ciudad gris y poco a poco se va coloreando y va volviendo el caos, la interrelación y la diversidad.

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Oficina organizada, recta, gris.

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Edificios de torres de acero y cristal muy parecidos a los que Mies Van der Rohe proyectaba. Y muy parecido también a los ingeniosos planes urbanísticos de Le Corbusier de tirarlo todo abajo y empezar de cero.

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En una agencia de viajes vemos como los distintos destinos son una copia el uno del otro. La arquitectura moderna se ha hecho paso en las ciudades del mundo y ha dejado que lo impersonal se imponga.

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Solo quedan de cada ciudad los elementos emblemáticos. Vamos descubriendo estos elementos parisinos gracias a los reflejos del cristal que envuelve los edificios: Torre Eiffel, Arco del Triunfo. Cómo si la ciudad la hicieran los cuatro monumentos característicos.
A pesar de lo que nos critica Tati con esta imagen de la ciudad impersonal, distante y fría, gracias al reflejo del cristal se puede jugar con los elementos que se quieren mostrar. Nos recuerda un poco cuando Mr.Hulot en Mon Oncle abre la ventada justo para que el reflejo del sol ilumine al pájaro y así siga cantando.

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Tati nos muestra el piso de un antiguo compañero de Mr.Hulot. En esta escena vemos a dos viviendas simétricas. Ambas tienen los muebles orientados hacia el televisor y desde la calle, ya que todo es cristal y se les puede ver perfectamente, parece que se estén observando los unos a los otros.

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La película termina en una fiesta en la inauguración de un restaurante, donde a pesar de que todo es un desastre (el aire no funciona, las baldosas se despegan, las sillas dejan marcas en la ropa y espaldas, los camareros no se entienden con las mesas, etc.) eso no impide a los comensales pasárselo en grande y mas cuando parte del restaurante se desmorona y hacen servir el espacio de sala reservada.

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Al salir del restaurante nos muestran esta imagen. Un imponente edificio de viviendas o de oficinas (no se distinguen unos y otros) empieza a reflejar la luz de la salida del sol.

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Al final de la película parece que Tati empieza a reconciliarse con la arquitectura moderna, y aunque nos avisa de que no debían de abusar de ella, tiene cosas buenas. Hemos podido ver los reflejos de la torre Eiffel y de la puesta de sol. Esta imagen de la película también nos parece interesante, ya que ese orden desorganizado de las luces de la carretera parecen pequeñas luciérnagas o estrellas en el cielo oscuro. Incluso nos recuerda a ese cuadro de Magritte de los hombres con bombín “esparcidos” por el cielo.

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Desconocemos si su punto de vista era de crítica o de buscar lo bello en lo ordinario. Para nosotros consiguió lo segundo.

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Y ya el final de la película, cuando una peculiar rotonda, llena de diversidad y color, nos va mostrando pequeñas historietas de cada uno de los personajes que en ella se encuentran. De ahí se puede sacar la conclusión que, por mucho que la arquitectura o el urbanismo quieran orden, siempre permanecerá el carácter de los habitantes, que lo harán suyo y le darán color y variedad a la ciudad. El tipo de caos que vemos en esta imagen final nos recuerda a la plaza del pueblo de la película Mon Oncle. Entonces ¿Jaques Tati reconoce que en la ciudad gris hay sitio para la diversidad?

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